martes, 29 de septiembre de 2015

Mapa del tesoro.

Mirar por la ventanilla, tender los besos al sol de tu pelo, atarme a tu boca para respirar, tararear canciones que aún no has compuesto, escribirte una declaración de amor. Parece fácil, ¿verdad? Pero no soy capaz, no lo consigo; yo, que entregué mi supervivencia a la poesía en una decepción cualquiera, yo, que soy más de deshojarme el corazón que las margaritas. Qué quieres que te diga, que ya no me gusta garabatear si no es tu nombre rodeado de corazones, a lo adolescente embelesada. Dime cómo lo hago. Dime cómo les hablo sobre tu espalda, esa misma que es mi ruina y mi caos. Dime cómo explico que ya he perdido cien mil trenes por verte (y a vosotros os juro y os perjuro que perdería cien mil más) y que a pesar de todo no he perdido la razón. Dime cómo te nombro, a ti, que me hiciste mar, ola, brisa, marea y amanecer en medio minuto; que eres capaz de hacerme sentir el arpegio tembloroso de una melodía inacabada con sólo mirarme un jueves por la noche en una ciudad perdida. Dime cómo revelo que siempre existen dos caras en el mismo silencio pero que ninguno es incómodo si es en tu coche. Dime cómo confieso que quiero ser la bailarina de tu caja de música, que quiero que compongas pentagramas con mis lunares como corcheas.

¿Cómo? ¿Cómo les digo que estoy enamorada de ti?

Hasta las cachas,
las trencas,
las trancas,
o hasta donde tú quieras,
amor.



1 comentario:

Toc, toc... ¿Hay alguien en casa?