martes, 1 de mayo de 2012

Llámalo obsesión.

Me gusta observarte cuando todavía no han dado las cinco y te sientas en la mesa de la cocina, con tu café con leche y dos cucharadas y media de azúcar, tratando de consumir el tiempo de más que te ha dado la editorial como si se tratase de uno de tus cigarrillos de madrugada. Entonces todo se para. Tecleas, lees, borras y escribes palabras en post-it que después desperdigas por cada rincón de la casa. De vez en cuando te levantas, das alguna vuelta alrededor de la mesa de madera y te vuelves a sentar en la silla mientras fuera llueve. Miras por la ventana y arrugas la frente, tratando de encontrar a alguna musa a la que le haya dado por pasearse por el jardín. Y yo estoy en el marco de la puerta, como siempre, observándote en silencio. Tú alzas la mirada y me encuentras, yo trato de hacerme la despistada, pero siempre falla. Es como un juego, nuestro juego. Tú me miras y yo sonrío, entonces, desaparezco hacia el salón. Tú sacudes la cabeza y vas en mi búsqueda, llegando al salón al mismo tiempo que ese vinilo rayado de Tom Waits comienza a sonar.


2 comentarios:

  1. No es amor ni obsesión, es cariño, es monotonía. Pero me encanta que escribas tan delicadamente, como si fuera el texto de seda.

    Un beso.

    P.D: Pásate por mi blog ;) http://larafenix.blogspot.com.es

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Toc, toc... ¿Hay alguien en casa?