sábado, 1 de marzo de 2014

20 cigarrillos y un día al revés.

Me ha dicho el hueco de la cama que te echa de menos casi tanto como yo, que aún cuenta cada noche las veintitrés maneras que tienes de hacer el amor, que sigue enamorado de verte sonreír un jueves por la mañana, de madrugada, cuando los gatos aún no se han acostado y el sol no ha salido de su escondite por miedo a que te despiertes demasiado pronto.

¿Sabes, amor? Yo también tengo miedo de que despiertes demasiado pronto, cuando no he podido llevarte a París entre sueños ni he volado cometas entre los surcos de tu pelo. Que todavía no te he dibujado como un cerezo a la altura de los tobillos, subiendo por las líneas de tus medias y muriendo en flor en tus caderas.
Pero a pesar de eso, te he dejado navegar en góndola desde mis pestañas hasta tus labios, me he dejado llorar en atardeceres justo al lado del corazón, junto a mi talón de Aquiles que es tu pecho; te he recitado poemas sin saber a ciencia cierta lo que decía, comiéndome las comas, las sílabas y hasta las estrofas, pero es que, verás, no es fácil decirlo, pero se me ha olvidado cómo era eso de escribir(te) y ahora sólo te leo en versos de otro.

Y sin embargo, aún no tengo las rodillas lo suficientemente peladas de pasarme las horas rezando a un dios que no existe si no lleva tu nombre, rogándole un deseo; pidiéndole al cielo que rompa a llorar cada vez que no te veo, diciéndole que cumpliré cualquier penitencia si tan sólo me deja volver a decirte 'te quiero'.


2 comentarios:

  1. Los atardeceres no se lloran, se persiguen hasta quedarse sin aliento.

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  2. Cómo duele echar de menos.
    Precioso.

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Toc, toc... ¿Hay alguien en casa?