miércoles, 13 de abril de 2011

Marisoplas.

Un par de botellas de whisky vacías, paquetes de tabaco, hojas y hojas de papel, un ordenador, un bote de crema de cacao apunto de terminar, miguitas de pan, dos teléfonos móviles. Todo aquello era lo que se encontraba en mi mesa aquella noche. Desde que sabía la noticia pasaba más tiempo en mi casa que yo misma, a veces, cuando volvía de pasear por la playa, me encontraba la mesa puesta, con una comida de verdad, como las que me hacía mi madre, y al mirar un poco más allá esta él con mi delantal (azul, con flores, jamás lo olvidaré) dando tumbos de un lado para otro preparando lo que sería el banquete de un rey, o en mi caso, de una reina.
Aquel día no le di tiempo, le abracé por detrás y le besé la nuca. Se le erizó el vello y yo me reí. Le necesitaba. Pese a que todo eran mimos hacia mi, hoy le necesitaba de otra forma. Me cogió en brazos y me llevó a mi cama, que, cómo no, estaba sin hacer, lo de ser una chica responsable no se me termina de dar demasiado bien. Me volví a reír mientras él me hacía cosquillas con su barba en mi mejilla. ¿Cómo no le iba a querer? Era el ser más perfecto sobre la tierra. Nada de lobos viejos, ni jóvenes, ni nada, un ángel que había caído para mi, posesivo. Seguimos con la guerra de cosquillas, con los besos y terminamos derivando a lo que yo quería y él no, a las caricias, a los suspiros... En mi cabeza todo sucedía como en una película, con banda sonora incluida, Playing God de Paramore. Y queriendo o sin querer terminé encima suya, sonriendo con malicia. Pero de pronto se paró como en un disco rayado. Me miró fijamente a los ojos y me dijo:


-Para, Carlota, no podemos.
-¿Por qué?
-Porque no, porque no debemos.
-Eso no vale. Deber no es poder.
-No podemos y punto.
-Pero yo quiero...
-No.


Y seguimos discutiendo, como hacía tiempo. Estaba enfadada. No era justo. No me iba a pasar el resto de los meses así. Me negaba. Pero él me contradecía, "que no es bueno", "¿y si pasa algo?", y me terminaba convenciendo. Maldito lobo hechiza niñas-tontas. Agggh. Odiaba cuando se ponía así, como un adulto. Le saqué la lengua, como lo hace una niña cuando le tiran de las coletas. Solo él podía sacarme de quicio de aquella manera. Hacerme actuar de esa manera. En definitiva, comportarme como la cría que era, cosa que él no debía de saber bajo ningún concepto pero que seguramente sospechaba.


-Esta conversación no tiene sentido.
-¿Por qué?
-Porque sigues siendo tan tozuda como siempre.


Pero aquello me hizo sonreír, y fue él quien me besó. Y todo volvió a ser como en mi película, o incluso mejor.


(...)



Lobito, lobito.

¿Dónde estás?

10 comentarios:

  1. Echaba de menos estas entradas tan largas *suspiro largo*

    :}

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  2. Oh, que bonito. Me ha encantado.

    Besos de mamut ^^

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  3. Hola holita, me presento, soy Niza; y la cuestión es que acabo de abrir un nuevo blog, y me gustaría que te pasases a escribir tu opinión (sí, aunque sea para poner que es horrible)
    http://deshaciendounatrenza.blogspot.com
    Por cierto, añado también que tu blog es como un soplo de aire fresco, eso me transmite.
    Espero que sigas escribiendo, me pasaré de vez en cuando a visitarte.
    ¡Un besote!

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  4. Pásate por mi blog! Hay una sorpresita para tí.

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  5. Una película de amor sin final, ¿no?
    Te invito a conocer mi blog. Un placer comentarte. Besos.

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  6. :D

    Lindo blog, interesante y sencillo

    Seguiré visitandote

    cuidate

    byE

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  7. me encanta todo tu blog, es impresionante! :)
    http://theradioofmel.blogspot.com/

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Toc, toc... ¿Hay alguien en casa?